Ir al contenido principal

Sólo pido un corazón de piedra


¿Cómo este recinto de tejidos, carne y huesos es capaz de guardar el miedo, el odio, la tristeza, la esperanza, la ilusión, el amor?
¿Por qué siento lo que siento?
¿Por qué simplemente no pude moldearme a mi gusto?
¿Por qué no puedo ser mi propio Dios?
¿Por qué no puedo apagarme cuando lo deseo?
Silenciar mis latidos y migrar a la nada.
¿Qué motivos tiene el dolor?
¿Por qué se ensaña conmigo la empatía con la soledad?
¿Por qué no logro vislumbrar el momento en el que broté del barro y escogí venir a un lodazal peor?

Mi lengua experimenta el sabor de la sangre, creo que son las ilusiones rotas que se han cortado en un intento desesperado por salir de mí… y también es el peso insostenible de ser, que revienta las arterias principales y desangra el minúsculo pedazo de vida que soy.
Deambulo entre la incertidumbre, contadas veces me abrazan las aceras del sosiego.

¿Qué será de esta flor casi marchita en el día de mañana? ¿Morirá? ¿Seguirá la agonía que no escogió padecer? ¿Encontrará alguna respuesta del ser al que clama en medio de su locura? ¿Se volverá por fin su corazón de piedra? ¿Alcanzará algún día el nirvana? ¿Logrará convertirse en la puta pieza que completa el rompecabezas de la normalidad?

 A esta hora todo es incierto. A esta hora sólo transitan en el aire oscuro los espíritus grises de la desesperanza y reina el silencio aplastador del vacío.
Ruego al sueño que llegue y libre su batalla, que me libere por fin de esta realidad, aunque sea por unas cuantas horas.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Alejandra

  "Lo que le ocurrió a Kafka es lo mismo que me ocurrió a mí: Él se aisló demasiado en la soledad y sabía; el debió saberlo, que de ahí no regresa nunca nadie". Alejandra Pizarnik   Heme aquí, batallando como siempre sintiéndome extranjera en mi propia piel padeciendo un dolor que no me pertenece supurando por una herida que no es la mía llorando unas lágrimas que son propiedad de otros ojos. No hay metáfora que pueda darme calma. Se acabó la paz, reina el caos en mis huesos. Los músculos de mi espalda levantaron trincheras, están enardecidos, encienden su fuego contra mí. Mi corazón ya no hace escándalo en mi pecho, parece haberse autocondenado a muerte; le toca al cerebro decidir el método de ejecución. La vista permanece fija en un punto muerto del horizonte, las ojeras empiezan a dar las primeras señales de rebeldía. Mi lengua: tan muerta como el arameo y el sánscrito. Cada cuerpo dentro de mi cuerpo con ganas de extinguirse para siempre. A...

El poder de los bastardos

  “Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones causadas por sus palabras, pues sabe que ellas no retornarán al mismo punto sin haber causado su efecto” ― Florence Scovel Shinn   Asistí a la misa de 6 de una iglesia católica de la ciudad de Montería, el día 17 de diciembre de 2022, por motivo del aniversario mortuorio de mi mamá (18 meses). Casualmente ese día se celebraba también un matrimonio, en el que, por cierto, hubo un retraso de la novia, hecho que incomodó mucho al sacerdote, al punto de decir que, si no llegaba “ya”, no los casaría. Antes de llegar al motivo que me lleva a expresar esta opinión, que es muy personal, es importante que diga que, aunque crecí en el seno de una familia católica, estudié en colegio de monjas desde el grado 5° hasta el grado 11° (donde había oración todos los días, misas cada cierto tiempo y rosario durante todos los días del mes de mayo) y pertenecí a dos grupos juvenile...

Arrepentimientos

Hago un minuto de silencio por aquellas palabras que no se atrevieron a saltar desde la punta de mi lengua en el momento preciso, por esas manos que rechacé y que hoy serían una valiosa posesión. Un minuto de silencio por los abrazos que no encontraron refugio en mi cuerpo y se devolvieron en silencio y con la cabeza baja a su lugar de origen, por los corazones que fueron descosidos en mi nombre, por los ojos que se bañaron de lágrimas, rabia y desilusión gracias a mí. Un minuto de silencio por los perdones que jamás articularon ni pidieron mis labios, por las llamadas y miradas no devueltas. Un minuto de silencio por todo el tiempo perdido en reproches y lamentaciones, por las horas gastadas al frente de una pantalla que aísla y empequeñece, por los largos minutos dedicados al miedo y al pasado inapelable, por todos los “gracias” que no salieron a la luz y en cambio se quedaron flotando en algún lugar inespecífico de mi garganta. Un sentido minuto de silenc...