Ir al contenido principal

Y tú, ¿qué harás conmigo?




Voy a hacerte el amor a través de metáforas
Voy a cubrir con mis manos los ojos de tus complejos
Voy a convertirme en rehén de tus más eróticos deseos
Voy a apagar con mis besos el incendio de miedos que te tienen perpleja
Voy a resolver con mi mirada las agrietadas dudas que te persiguen en la madrugada
Voy a recitarle un poema apasionado a la línea que divide tu espalda
Voy a resanar con mis dedos las fisuras sangrantes que te invaden de pies a cabeza
Voy a construir en tu piel el refugio perfecto para mi boca
Voy a inspirarme en tus ojos para escribir los versos que me quedan de vida
Voy a multiplicarme por el infinito para satisfacer todos tus antojos
Voy a estremecer de placer, una a una, a las moléculas que te integran
Voy a destrozar las oscuridades que te atormentan
Voy a barrer los vestigios de siniestros amores que aterrizaron en ti
Voy a fabricarnos un futuro lleno de flores grana
Voy a resucitar tus apagados sueños, aquellos que mendigan en las calles grises de la indiferencia
Voy a desnudar tu alegría para que salte a la par con la mía
Voy a volverte canción en mis brazos
Voy a narrarte lo inenarrable del amor
Voy a navegar en el huracán marrón de tus cabellos…
Y tú, ¿qué harás conmigo?

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Alejandra

  "Lo que le ocurrió a Kafka es lo mismo que me ocurrió a mí: Él se aisló demasiado en la soledad y sabía; el debió saberlo, que de ahí no regresa nunca nadie". Alejandra Pizarnik   Heme aquí, batallando como siempre sintiéndome extranjera en mi propia piel padeciendo un dolor que no me pertenece supurando por una herida que no es la mía llorando unas lágrimas que son propiedad de otros ojos. No hay metáfora que pueda darme calma. Se acabó la paz, reina el caos en mis huesos. Los músculos de mi espalda levantaron trincheras, están enardecidos, encienden su fuego contra mí. Mi corazón ya no hace escándalo en mi pecho, parece haberse autocondenado a muerte; le toca al cerebro decidir el método de ejecución. La vista permanece fija en un punto muerto del horizonte, las ojeras empiezan a dar las primeras señales de rebeldía. Mi lengua: tan muerta como el arameo y el sánscrito. Cada cuerpo dentro de mi cuerpo con ganas de extinguirse para siempre. A...

El poder de los bastardos

  “Aquel que conoce el poder de la palabra presta mucha atención a su conversación. Vigila las reacciones causadas por sus palabras, pues sabe que ellas no retornarán al mismo punto sin haber causado su efecto” ― Florence Scovel Shinn   Asistí a la misa de 6 de una iglesia católica de la ciudad de Montería, el día 17 de diciembre de 2022, por motivo del aniversario mortuorio de mi mamá (18 meses). Casualmente ese día se celebraba también un matrimonio, en el que, por cierto, hubo un retraso de la novia, hecho que incomodó mucho al sacerdote, al punto de decir que, si no llegaba “ya”, no los casaría. Antes de llegar al motivo que me lleva a expresar esta opinión, que es muy personal, es importante que diga que, aunque crecí en el seno de una familia católica, estudié en colegio de monjas desde el grado 5° hasta el grado 11° (donde había oración todos los días, misas cada cierto tiempo y rosario durante todos los días del mes de mayo) y pertenecí a dos grupos juvenile...

Arrepentimientos

Hago un minuto de silencio por aquellas palabras que no se atrevieron a saltar desde la punta de mi lengua en el momento preciso, por esas manos que rechacé y que hoy serían una valiosa posesión. Un minuto de silencio por los abrazos que no encontraron refugio en mi cuerpo y se devolvieron en silencio y con la cabeza baja a su lugar de origen, por los corazones que fueron descosidos en mi nombre, por los ojos que se bañaron de lágrimas, rabia y desilusión gracias a mí. Un minuto de silencio por los perdones que jamás articularon ni pidieron mis labios, por las llamadas y miradas no devueltas. Un minuto de silencio por todo el tiempo perdido en reproches y lamentaciones, por las horas gastadas al frente de una pantalla que aísla y empequeñece, por los largos minutos dedicados al miedo y al pasado inapelable, por todos los “gracias” que no salieron a la luz y en cambio se quedaron flotando en algún lugar inespecífico de mi garganta. Un sentido minuto de silenc...