Ir al contenido principal

Entradas

Impredecible

Ni siquiera Galileo habría podido predecirte, no habría sido capaz de advertirme que finalmente llegarías y que mi mundo giraría alrededor de tu nariz, alrededor de la constelación en forma de corazón que se forma con las manchitas color café de tu antebrazo derecho. Nostradamus moriría nuevamente, esta vez de vergüenza, al no ser capaz de prever las dulces catástrofes que causarías en mis pensamientos. Los satélites de la NASA fallaron al ver el brillo que desprendías y no pudieron avisarme que te acercabas a mí, tan veloz como la luz. Nadie pudo precisar que tu nombre comenzaría con S, y que traías a la mismísima luna iluminando tus labios y haciendo antesala a tu sonrisa. Ningún mago de la Tierra supo decirme que tu cuerpo estaría tejido de azules estrellas y de mariposas amarillas como las de Gabo. Ni todo el ingenio de Pizarnik, ni la dulzura de Arreola, habrían sido capaces de describirte de forma exacta en un poema. Las matemátic...

Sólo pido un corazón de piedra

¿Cómo este recinto de tejidos, carne y huesos es capaz de guardar el miedo, el odio, la tristeza, la esperanza, la ilusión, el amor? ¿Por qué siento lo que siento? ¿Por qué simplemente no pude moldearme a mi gusto? ¿Por qué no puedo ser mi propio Dios? ¿Por qué no puedo apagarme cuando lo deseo? Silenciar mis latidos y migrar a la nada. ¿Qué motivos tiene el dolor? ¿Por qué se ensaña conmigo la empatía con la soledad? ¿Por qué no logro vislumbrar el momento en el que broté del barro y escogí venir a un lodazal peor? Mi lengua experimenta el sabor de la sangre, creo que son las ilusiones rotas que se han cortado en un intento desesperado por salir de mí… y también es el peso insostenible de ser, que revienta las arterias principales y desangra el minúsculo pedazo de vida que soy. Deambulo entre la incertidumbre, contadas veces me abrazan las aceras del sosiego. ¿Qué será de esta flor casi marchita en el día de mañana? ¿Morirá? ¿Seguirá...