martes, 24 de octubre de 2017

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Bocas amargas y dulces.
Pieles de todos los colores y estratos.
Lenguas que hablan varios idiomas y que se abrazan entre sí para poder entenderse.
Ojos verdes con cabellos negros,
ojos negros con cabellos dorados.
Labios colmados de carne
y labios faltos de ella.
Latitudes y longitudes que contienen de todo,
que se visten con toda clase de figuras geométricas,
que se perfuman con miles de variedades de vida,
y que coleccionan múltiples anatomías.
Tierras de nieve, tierras de desierto, tierras amarillas y tierras grises.
Cielos que dibujan un hechizo tornasol en las nubes,
y cielos blancos que encantan invitando a la melancolía.
Sabores exóticos.
Sonidos que mancillan la monotonía.
Cuerpos inflamados de ardentía,
cuerpos deshechos de placer,
cuerpos extasiados por el cansancio,
cuerpos dotados de todas las configuraciones posibles.
Miradas apagadas.
Miradas apuntando hacia el sur y otras apuntando hacia el norte.
Sueños rotos,
Sueños remendados,
Sueños intactos,
Sueños cóncavos,
Ilusiones convexas.
Mares rojos e invivibles,
Mares cálidos y acogedores.
Aguas que no se conforman con un solo color
y aguas que simplemente no quieren ninguno.
Vientos cálidos que cortejan el alma,
vientos helados que la resquebrajan.
Amores universales
y amores que no dan la talla.
Errores y aciertos en las mismas cantidades.
Belleza y desproporción equilibran la balanza.
Retumbos de guerra en unas partes del mundo,
y retoños de paz en otras.
Pluralidad.
Diversidad.
Variedad.
En el universo,
en las constelaciones,
en el planeta,
en los humanos,
en los animales,
En las flores
En las mismísimas piedras.
Un solo presente y manadas ingentes de latidos distintos.
Diversidad derramada a chorros por doquier,
y pinceladas de perfección y divinidad en ella.

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