Ir al contenido principal

Arrepentimientos


Hago un minuto de silencio por aquellas palabras que no se atrevieron a saltar desde la punta de mi lengua en el momento preciso,
por esas manos que rechacé y que hoy serían una valiosa posesión.
Un minuto de silencio por los abrazos que no encontraron refugio en mi cuerpo y se devolvieron en silencio y con la cabeza baja a su lugar de origen,
por los corazones que fueron descosidos en mi nombre,
por los ojos que se bañaron de lágrimas, rabia y desilusión gracias a mí.
Un minuto de silencio por los perdones que jamás articularon ni pidieron mis labios,
por las llamadas y miradas no devueltas.
Un minuto de silencio por todo el tiempo perdido en reproches y lamentaciones,
por las horas gastadas al frente de una pantalla que aísla y empequeñece,
por los largos minutos dedicados al miedo y al pasado inapelable,
por todos los “gracias” que no salieron a la luz y en cambio se quedaron flotando en algún lugar inespecífico de mi garganta.
Un sentido minuto de silencio, por las amistades y amores que encontraron la muerte a manos de mi indiferencia y desapego,
por los pobres espacios de mi corazón que fueron ocupados por la oscuridad del resentimiento y la desdicha,
por las veces en las que renegué de la lluvia y del sol sin tener comprensión de ellos.
Y por último, un minuto de silencio por mí, por las veces en que estuve amordazada, impedida, abolida;
por las veces que el destino me sumó a una historia de dos, convirtiéndome en número impar.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

El lado izquierdo de mi cama

Hoy me levanté por el lado izquierdo de mi cama y no fue hasta que tomé el primer sorbo de café que me di cuenta de que me amaneciste doliendo más que nunca. Miro las paredes que me rodean en busca de respuestas valientes, respuestas que me hablen fuerte, que me griten y me digan que no eres real, que eres un tonto juego que mi cabeza ha inventado; respuestas que te desalojen de mi mundo en un chasquido imperceptible. No importa cuántas veces grite tu nombre en mi mente, lo cierto es que no te vas a aparecer en frente de mi ventana para darme los buenos días y servirme el desayuno. Tengo que reaccionar, hacerme a la idea de que no habrá un “tú y yo”, de que no habrá una palabra conformada por la combinación de nuestros nombres. Tengo que pellizcar a mis sueños para que despierten y hagan frente a esta jodida realidad que me atraviesa, una realidad monótona y pesada en la que cuesta respirar, regada con matices de recuerdos antiguos de t

Hay amores

Hay amores fuego, amores viento, amores lluvia. Hay amores pasión, amores lujuria, amores fortuna. Hay amores despecho, amores al acecho, amores de hecho. Hay amores de un día, amores que valen la muerte   y amores que valen la vida. Hay amores pétalo, amores espina, hay amores que se quedan a la vuelta de la   esquina. Hay amores sin descanso y amores en pausa. Hay amores que enamoran para siempre, amores que no se atreven a entrar y amores que nunca nos dejan de mirar. Hay amores que se van volando, pero el viento mismo los regresa a su lugar de origen. Hay amores que se visten de obsesión, de villanos, y otros, en cambio, mueren siendo superhéroes. Hay amores que hieren y otros que cicatrizan. Hay amores valientes y amores que retroceden de miedo. Hay amores que son as bajo la manga y también amores ruleta rusa. Hay amores todo o nada, amores todo en uno, y amores indescifrables, forajidos, intratables, obstina

A la música

Primer amor. p oesía hecha vida, mi compañera de todas las horas, entre tus notas se mezcl an mis alegrías y mis triste zas. En los acordes de tus pianos y violines se abalanzan mis lágrimas en busca de consuelo. Los ritmos de tus tambores y guitarras han escul pido montañas de placer en este cuerpo de pi edras. Te he hecho mía. Me has hecho tuya. Has visto en gran angular las fracturas de mi piel y me has dado tu savia para curarlas. Has acariciado mis oídos como ninguna mujer en el mu ndo. Te he dedicado en silencio. Me he emborrachado con la magia que destilas hasta perder la conciencia. Tocaste mis manos desérticas y la s convertiste en alas doradas. Supiste perdonarme antes que yo misma pudiera hacerlo. Me abrazas todos los días y cuando lo haces, siento el ab razo de Dios. Contigo he ido al pasado y al futuro sin n ecesidad de una máqui na del tiempo. Me has enseñado a construir realidades paralelas